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Todas las mañanas Lucía se acerca expectante al buzón de correo.
Allí le esperan unas cartas misteriosas sin remite, escritas todas
con la misma máquina. Unas cartas frías, imperativas y que le
obligan a cumplir unas órdenes sórdidas. Lucía las cumple acaso por
amor, en la esperanza del regreso del hombre que le descubrió todos
los secretos. El hombre que con su muerte dejó un gran vació tras de
sí. Y ahora, tras un escalofriante accidente aéreo, sin que nunca
llegara a identificarse su cadáver, llegan esas cartas con detalles
que tan sólo él conoce. Paralelamente a la empresa donde trabaja,
manejando ordenadores, Lucía desarrolla una doble vida. Intenta
salir de la pesadilla, pero siempre llega otra carta. No es libre ni
tan siquiera de volverse a enamorar. En su vida ha aparecido Arturo,
un ingeniero naval vasco. Llevan trabajando juntos unos meses y la
relación es cada vez más estrecha. Pero Lucía, sujeta a los
fantasmas del pasado, no consigue entregarse. Tras los fracasos, se
entrega, en solitario, una y otra vez, al misterioso personaje, que
se limita a observar, detrás del cristal de una mirilla, en la
oscuridad del interior de un coche en el bosque.
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